La Ciudad de México y su zona metropolitana atraviesan una de las peores crisis de accesibilidad de vivienda de los últimos años. Los datos recientes muestran un crecimiento desmedido en los precios, salarios rezagados, miles de viviendas desocupadas y un desplazamiento continuo de familias hacia la periferia. Todo esto ha configurado un escenario donde vivir cerca de los centros de empleo ya no es una opción para la mayoría

Revela un análisis más reciente que, desde 2005, los precios de la vivienda han crecido de manera desproporcionada respecto al ingreso de las familias. El Índice de Precios de la Vivienda aumentó hasta un valor equivalente a 450 puntos, mientras que los salarios apenas alcanzaron 51 puntos en el mismo periodo. La brecha se ha vuelto insostenible.

“El precio de la vivienda ha aumentado 9 veces más rápido que el salario promedio en la CDMX. Esto no es solo una crisis; es una condena para las nuevas generaciones que buscan echar raíces en su propia ciudad. La vivienda dejó de ser un derecho para convertirse en un bien de lujo inalcanzable”, alerta Carlos Valladares, vocero de la iniciativa REVIVE, quien atribuye esta situación a la creciente escasez de oferta habitacional y a las restricciones para edificar nuevos proyectos.

Precios desbordados, salarios estancados

El encarecimiento de la vivienda no solo dificulta la compra; también limita el acceso a la renta. A pesar del aumento de valores, la producción de vivienda nueva sigue siendo insuficiente. Entre la CDMX y la ZMVM existe un rezago mayor a 80 mil unidades habitacionales al año, mientras que apenas se construyen menos de 20 mil.

Al mismo tiempo, la desigualdad territorial se profundiza. Municipios y alcaldías con mejores niveles de infraestructura y servicios presentan precios imposibles para la mayoría, mientras que las zonas accesibles se alejan cada vez más de los centros de empleo, conectividad y servicios básicos.

Miles de viviendas desocupadas en medio de la crisis

Paradójicamente, y a pesar de la demanda, más de 200 mil viviendas están deshabitadas en la capital y 71,780 unidades se utilizan solo de manera temporal. Este fenómeno se agrava con la expansión de plataformas de hospedaje turístico: alrededor de 27 mil unidades operan en servicios como Airbnb, muchas de ellas departamentos completos.

“Tenemos más de 200,000 viviendas deshabitadas y casi 27,000 unidades en plataformas como Airbnb (…) A pesar de que vivimos un rezago habitacional que supera las 80 mil unidades anuales y se producen menos de 20 mil, estas unidades vacías podrían amortizar momentáneamente la necesidad actual”, señala Valladares, quien considera fundamental reincorporar este inventario al mercado de renta tradicional para contener los costos actuales.